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Inteligencia colectiva, aceptación del error y otras enseñanzas psicológicas que da España en este Mundial

Contra Francia, en el Mundial 2026, España desplegó un estilo coral que permitió un ejercicio de control del juego abrumador, y de paso, neutralizó las muchas virtudes de los jugadores galos. No fue sólo el resultado, sino además cómo lo alcanzó. De esta apuesta, de esta filosofía, ya una seña de identidad cultural del fútbol español, salen enseñanzas muy valiosas para la sociedad y para cada uno de nosotros/as. Enseñanzas para mejorar.

EFE Salud ha consultado a las psicólogas Natalia Ortega (directora de Activa Psicología) y Raquel Huéscar, y al psicólogo Sergio García, sobre dichas enseñanzas. Esto es lo que nos han contado.

1- La inteligencia colectiva: el ‘nosotros’ potencia al ‘yo’

Dice Sergio García: “Cuando hablamos de fútbol, no solo hablamos de lo deportivo, lo técnico, sino también de inteligencia colectiva. La enseñanza que podemos aprender es que un nosotros bien gestionado no anula al yo, sino que lo potencia y lo libera de la presión de tener que resolverlo solo”.

Profundiza en esta noción Huéscar: “Si hay un grupo cohesionado, hay una sinergia que mejora lo que se puede conseguir de forma individual”.

Y añade: «La cohesión grupal consigue dejar a un lado objetivos individuales para entender que hay un objetivo mayor, que conecta a todos. El fin individual, que sería jugar más minutos o yo quiero hacerlo bien, se deja de lado para una tarea mayor que corresponde a lo grupal».

Charla del seleccionador Luis de la Fuente en una pausa del España-Portugal. EFE/EPA/SAM WASSON

Para Natalia Ortega, “una de las cosas que está transmitiendo la selección española en este Mundial es la imagen de un equipo en el que nadie parece querer destacar por encima de los demás, sino aportar cada uno para que funcione el conjunto. Y esa es una enseñanza muy valiosa, sobre todo para niños y adolescentes. Tener talento no significa tener que ser siempre el protagonista ni el mejor”.

2- No se trata de ser el mejor

García incide: “La autoestima no se basa en ser el mejor, sino en estar entre los mejores o en disfrutar, y cuando uno acaba disfrutando y sabiendo que es uno más entre todos los demás, se desdibuja su personalidad para adherirse a un engranaje, y uno sabe que estar en ese engranaje es lo que le fortalece”.

Ortega remarca esta influencia positiva del grupo en la infancia y en la adolescencia. “Para niños y adolescentes, sentirse parte de un grupo es fundamental. Cuando un menor nota que cuenta, que su aportación importa, aunque no sea la más visible, su autoestima se vuelve más fuerte. Aprende que su valor no depende solo de destacar, sino también de estar, apoyar, colaborar y contribuir”, señala.

Huéscar se detiene en los beneficios de formar parte de un grupo “cohesionado” porque “cuando hay cohesión, los miembros se conectan y generan interdependencia”. “Y esa cohesión – puntualiza – genera respeto, comunicación eficaz, sentimiento de que lo que hacemos es importante, la unidad ante algo de fuera y la sensación de pertenencia de manera voluntaria a objetivos comunes”.

Jugadores de España celebran un gol en el partido de cuartos de final contra Bélgica. EFE/ Lavandeira Jr

A criterio de Ortega, lo que transmite la selección española en el terreno de juego y en los entrenamientos, ya que las imágenes suelen mostrar a los jugadores de buen humor, desenfadados, es que “uno puede tener cualidades propias y, al mismo tiempo, cooperar, escuchar, ceder espacio y apoyar a un compañero”. 

Porque, según sus palabras, “no todo consiste en ser el mejor; también hay que aprender a formar parte de algo”.

2 (bis) – Apuntes para esta era de redes sociales… y de extremos

Añade Ortega: “Vivimos en una sociedad que empuja mucho a destacar, a compararse y a buscar reconocimiento individual. Las redes sociales, además, refuerzan constantemente esa idea. Sin embargo, crecer emocionalmente también supone entender que no siempre vamos a estar en el centro, que unas veces toca liderar y otras acompañar, y que alegrarse por el éxito de otro no nos hace menos valiosos, sino que suma para el trabajo en equipo.

Y Huéscar construye esta reflexión: “En el fútbol se pasa de héroe a abucheado, extremos en función de si se gana o se pierde, así que se puede hablar con los niños y adolescentes para entender que hay momentos en los que nos debemos reponer y que la mirada del otro no nos puede colocar en lugares idealizados o en lugares en los que uno se siente muy denigrado”.

3- Aceptar el error, tolerar la frustración 

Ortega pone el acento en cómo esta forma de jugar de la selección puede reportar lecciones muy positivas para los niños y los adolescentes.

“En el trabajo en equipo hay una enseñanza importante sobre el error. En un equipo de verdad, cuando alguien falla, no se le aparta ni se le señala. Se le apoya, se corrige (…) Esa idea es muy importante para los niños y adolescentes porque les ayuda a entender que equivocarse no significa fracasar ni dejar de ser valioso, sino aprender de los errores y tolerar la frustración, una gran herramienta para la construcción de una autoestima sana”.

«Los errores que se cometen en el juego el grupo los aborda con resiliencia, esa capacidad para superar los momentos malos del partido, las fases malas», afirma Raquel Huéscar

García añade: “La vulnerabilidad compartida es fortaleza. Pedir ayuda, pasar el balón, es una fortaleza, no una debilidad”. Y recalca: “En trabajos en grupo lo importante es tener una interdependencia positiva, preguntarse qué se hacer yo que facilite el trabajo del otro. Al final los errores no serán individuales, no serán un fracaso, sino una oportunidad para que el equipo se reordene y tenga otra posición”.

Que “el error forma parte del aprendizaje” es, según Huéscar, una de las principales lecciones de la forma de jugar de la selección. A su juicio, los jugadores de Luis de la Fuente han demostrado que “los errores que se cometen en el juego, el grupo los aborda con resiliencia, esa capacidad para superar los momentos malos del partido, las fases malas”.

4- Ser líder es tener visión de equipo

Sergio García subraya cuál es a su entender el “gran salto” en una positiva dinámica grupal: “Entender que tu mejor aportación es estar con los otros, aportar para que los demás brillen”.

Apunta al respecto que “un adulto que interioriza esto deja de ser un egocéntrico y se convierte en un facilitador, alguien que siempre ayuda, alguien siempre favorable a la idea de grupo”.

Indica entonces que el líder, quien “no es el que da órdenes”, sino “el que ha detectado en un momento necesario cuando hay que dar un pase a un compañero o tirar a puerta, por ejemplo”, será “el que tenga visión de equipo y esté más adherido a esa idea de equipo y colectividad”.

Rodri durante el partido de semifinales contra Francia. EFE/EPA/CHRISTOPHER NEUNDORF

Con un matiz, apostilla: que también hay que aceptar que “tu rol va a cambiar” porque se trata de “estar al servicio del equipo, de la idea de equipo”.

Huéscar destaca aquí la calidad emocional. Según sus palabras, el líder es “alguien que no sólo por valoración técnica, sino por un factor emocional, genera dosis de admiración y establece la tarea a conseguir”.

Ortega se expresa así al respecto: “Los equipos que mejor funcionan no son siempre los que tienen a las personas más brillantes, sino aquellos en los que hay confianza, cooperación, buena comunicación y personas capaces de pensar en el objetivo común. Cuando baja la necesidad de protagonismo y aumenta el compromiso, suelen mejorar tanto los resultados como el ambiente en el que se mueve la persona”.