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Los psicólogos lo confirman: esta es la razón por la que muchos hombres llenan la agenda para no sentir

Lo llaman evitación experiencial y cada vez aparece más en consulta. Los especialistas explican cómo reconocerlo y por qué afecta especialmente a los hombres.

Hay un tipo de hombre que rara vez entra en consulta diciendo que está mal. Entra diciendo que está agotado, que no duerme, que aprieta la mandíbula por las noches o que tiene el estómago revuelto sin causa médica. Lo que casi nunca dice (porque casi nunca lo sabe) es que lleva meses, o años, organizando su vida para no quedarse a solas consigo mismo. Y es que los problemas de salud emocional rara vez se identifican con la misma facilidad que los problemas de salud física.

La psicología clínica tiene un nombre para ese mecanismo: evitación experiencial. Y, según coinciden los especialistas consultados, aparece cada vez con más frecuencia en pacientes masculinos.

Qué es la evitación experiencial

Aunque de primeras el término te suene demasiado técnico, el fenómeno es cotidiano. Lo definió el psicólogo Steven Hayes, de la Universidad de Nevada (Reno), creador de la Terapia de Aceptación y Compromiso, en un trabajo ya clásico de los años noventa: describe el esfuerzo, casi siempre inconsciente, por suprimir o esquivar las experiencias internas desagradables (emociones, evitar pensamientos negativos, recuerdos, sensaciones) aunque hacerlo termine pasando factura.

Para Sergio García Soriano, psicólogo sanitario especializado en intervención social, la clave está en distinguir el malestar puntual de la huida sostenida. «El problema no es experimentar este tipo de sensaciones», explica. «El problema aparece cuando organizamos gran parte de nuestra vida alrededor de no encontrarnos con esas experiencias y esos sentimientos.»

En lugar de procesar una emoción incómoda, la tapamos con actividad. No es una decisión: es un mecanismo que se instala poco a poco hasta volverse tan automático que se hace invisible. Y, en los hombres adultos, suele camuflarse detrás de conductas que la sociedad aplaude. «Suele ser un hombre que siempre está ocupado, que abraza el deporte de manera compulsiva o que necesita proyectos continuos», describe García Soriano. «Desde fuera vemos a una persona exitosa; desde dentro, un silencio que resulta incómodo.» La pista más reveladora, añade, es que esa misma persona, con una vida social intensa, tiende a esquivar cualquier conversación emocional.

Por qué golpea especialmente a los hombres

Que este patrón aparezca más en hombres tiene un trasfondo cultural. Tradicionalmente se les ha asociado a mostrar fortaleza y a esconder cualquier signo de vulnerabilidad. «Los hombres utilizan más la ocupación constante para evitar emociones», señala García Soriano. «Es más frecuente que el hombre traslade su malestar hacia la acción.»

Lo paradójico es que las actividades que sirven de escape no son malas en sí mismas. El problema, advierten los especialistas, surge cuando forman un sistema: mientras haya algo que hacer, no queda espacio para preguntarse cómo se está. Y esa pregunta, aplazada durante años, termina cobrándose la deuda.

Moira Belda Mcfall, psicóloga clínica en Madrid, lo resume con una advertencia: «La evitación experiencial a corto plazo puede disminuir el malestar, pero a la larga aumenta las emociones desagradables.» Sobre la diferencia entre sexos, matiza con honestidad: «Puede ser un sesgo, pero la parte cultural que hace que los hombres sean más evitativos es cierta.»

La diferencia entre un hombre productivo y uno que huye de sí mismo

Aquí está el corazón del asunto, y es más sutil de lo que parece. «La diferencia no está en la cantidad de trabajo», aclara García Soriano, «sino en la relación que se tenga con ese trabajo.»

Un hombre genuinamente productivo puede trabajar mucho y, aun así, tener momentos de calma, reconocer que siente cosas desagradables y delegar sin angustia. Trabaja porque quiere conseguir algo que le importa. Mara García, psicóloga de la Asociación Nacional de Psicólogos en Acción, lo describe así: «Un hombre productivo acaba haciendo cosas que llenan su vida, pero que elige de forma consciente. Un hombre que huye se desconecta de sus emociones, y estas no desaparecen: se quedan sin gestionar y acaban saliendo en forma de ira o de tristeza.»

El que huye se delata, sobre todo, cuando no hace nada. «Sentirá una gran irritación cuando esté parado», continúa García Soriano, «y tampoco podrá delegar, porque pensará que nadie lo hace como él.» A eso se suma una dificultad real para conectar con las propias emociones fuera del trabajo.

Las señales de que tu agenda es una huida

Es la pregunta más incómoda, precisamente porque no tiene respuesta evidente: desde fuera, los dos hombres parecen idénticos. La diferencia aparece cuando se apaga el ruido. Mara García lo llama «un aislamiento encubierto cuando se está viviendo algo conflictivo». Estas son las señales que los especialistas identifican con más frecuencia:

  • El descanso incomoda. «Hay personas que se sienten peor cuando no tienen que trabajar», observa García Soriano, porque la actividad funcionaba como distracción permanente.
  • No se soporta el silencio. «¿De repente hay silencio? Me pongo un pódcast, un vídeo, cualquier cosa que me saque de la experiencia interna», ejemplifica.
  • Niebla mental y desconexión. «A menudo los pacientes describen una niebla en la cabeza y tienden a disociar», apunta Belda.
  • La autoestima cuelga de la productividad. El valor personal queda atado a lo que se logra en el trabajo.
  • Cuesta mostrarse vulnerable incluso con las personas de confianza.
  • La sensación de perseguir algo que nunca se alcanza. Hay un cansancio reconocido que, aun así, no frena: «La persona reconoce que está cansada, pero no cancela el compromiso, porque le resulta más incómodo parar que continuar.»

Cuando el cuerpo dice lo que la mente calla

Cuando silencias esta emoción, el cuerpo levanta la voz y habla . Mara García describe patrones que se repiten en consulta: «Los signos de estrés empiezan a aparecer y el insomnio es frecuente: la mente está todo el rato funcionando y no puede parar.» A eso se suman el bruxismo «acaban apretando mucho la mandíbula», las contracturas musculares y los problemas digestivos.

«El cuerpo acaba gritando lo que la mente calla», resume. «Cuando apagamos la emoción, aparecen los signos físicos.»

Qué hacer: recuperar la pausa sin renunciar a lo que importa

Reconocer el patrón es el primer paso, coinciden los especialistas. No para hacer menos, sino para hacer con más conciencia. El objetivo no es dejar de trabajar, entrenar o tener planes: es recuperar la capacidad de parar sin que cada pausa se vuelva insoportable. Estas son prácticas concretas, alineadas con el enfoque terapéutico desde el que trabajan los expertos consultados, para empezar a hacerlo.

  1. La pausa antes del “sí”. Antes de añadir un compromiso más a la semana, pregúntate: ¿esto lo quiero, o lo uso para no quedarme quieto? Es una pregunta pequeña, pero (según los profesionale) es la que lo cambia todo.
  2. Empieza por diez minutos de aburrimiento. No hace falta meditar una hora. Reserva ventanas breves (cinco o diez minutos) sin pantalla, sin pódcast, sin tarea. La incomodidad inicial es esperable: es justo la experiencia interna que llevabas tiempo tapando.
  3. Nombra lo que sientes en lugar de taparlo. Poner palabras a una emoción («estoy frustrado», «tengo miedo») reduce su intensidad mucho más que distraerse de ella. Es un gesto simple y respaldado por la investigación.
  4. Distingue descanso de distracción. Maratonear series o el scroll infinito ocupan la cabeza sin dar tregua. El descanso real (pasear sin destino, no hacer nada) deja sitio para que aparezca lo que evitabas. Esa es la diferencia que importa.
  5. Una conversación emocional a la semana. Elige a una persona de confianza y comparte algo que de verdad sientes, no solo lo que haces. Romper el «silencio incómodo» es, según los expertos, donde empieza el cambio.
  6. Sabe cuándo pedir ayuda. Si el insomnio, la irritabilidad al parar o la sensación de niebla se sostienen en el tiempo, conviene consultar con un profesional. Pedir ayuda no es lo contrario de ser fuerte: para muchos hombres, es la decisión más difícil que tomarán.

La productividad excesiva no siempre es una virtud. A menudo es una estrategia de supervivencia emocional: una forma de no sentarse a solas con uno mismo. El problema nunca fue trabajar mucho. Es que cualquier pausa duela.

Emociones, estrés, Familia, Psicología, sensación, soledad

El reto de afrontar las Navidades en soledad

«Sentir angustia es una señal de que hay que hacer cambios en la vida»

La Navidad es un momento del año especialmente emotivo para casi todas las personas. Está llena de recuerdos y son fechas, en principio, para pasarlas en familia, con las personas que queremos. Sin embargo, a veces -por circunstancias de la vida- eso no es posible, y hay personas que se ven obligadas a afrontar una Navidad en soledad, bien porque viven lejos de su país o porque quizá no tienen a nadie cerca. La soledad es uno de los problemas a los que nos enfrentamos en una sociedad cada vez más digitalizada y global. Tanto es así que en 2018, el Reino Unido fue pionero en crear una Secretaría de Estado llamada ‘Ministerio de la Soledad’ para abordar, precisamente, la soledad y el aislamiento social, que afectan a millones de personas en el país.

Si tú eres una de esas personas, hay esperanza. Como señalan los psicólogos, es muy posible que si en estas fechas no puedes reunirte con los tuyos aparezcan sentimientos de soledad, nostalgia e incluso culpa. «Son días que nos remueven porque nos recuerdan momentos compartidos, gestos repetidos año tras año y esa sensación de hogar que todos tenemos muy presente. Cuando no podemos vivirlo igual, lo notamos más. No es un signo de debilidad, simplemente es una reacción natural ante una fecha en la que el corazón toma protagonismo», explica a la web de Informativos Telecinco Yolanda Romero, psicóloga y directora técnica de ICEPS (Instituto Clínico de Psicología Infantil y del Adolescente).

¿Qué podemos hacer, entonces? Como ella sugiere, lo mejor es no negar lo que sentimos y permitirnos vivirlo con calma. «Una videollamada, una llamada o un mensaje que nos acerque un poco a nuestra familia puede reconfortar. Y también es importante hacer algún plan que nos dé calidez allí donde estemos: quedar con un amigo, compartir un rato con algún vecino, invitar a alguien que se encuentre en circunstancias parecidas, preparar algo especial para nosotros o salir a disfrutar de algún plan fuera de casa. Son pequeños gestos que alivian y que nos hacen sentir un poco más acompañados. Sentir más no es un problema. Es lo habitual en una fecha que toca nuestra parte más profunda».

Para el psicólogo Sergio García Soriano, lo más importante es aceptar la realidad y también reflexionar en qué nos está causando malestar. «Si me encuentro mal, el problema no es la Navidad, es que hay algo en mi vida que no me gusta y en la Navidad florece o se manifiesta, podría estar contento porque se ha producido una señal de angustia que me tiene que llevar a hacer cambios en mi vida».

En estos casos, lo mejor es buscar un plan alternativo, algo que nos aporte ilusión. Se puede planear algo sencillo, desde un paseo o acercarnos a algún espacio donde haya más gente. Yolanda Romero aconseja, por ejemplo, preparar algo especial para nosotros como crear un pequeño ritual propio compartir un café con alguien que también esté solo puede aliviar ese peso. «No se trata de forzar la alegría, sino de acompañarnos con cariño».

«La ayuda más valiosa suele ser la más simple, estar, escuchar y mostrar cariño»

Afrontar la Navidad tras una pérdida

Durante estas fechas, las consultas más habituales que suelen recibir los psicólogos son síntomas de ansiedad anticipatoria por los rechazos o desafectos que se producen generalmente con la familia política y el nivel de exigencia o perfeccionismo de algunos familiares por ser anfitriones o por acertar con los detalles. También es común, el recuerdo a los fallecidos y el sentir «la silla vacía» sin esas presencias, que pueden dar lugar a tristeza o manifestaciones de la depresión si esto es mantenido en el tiempo. No hay que olvidar que las Navidades son un carrusel de emociones, sobre todo, para aquellos que han perdido a personas importantes.

Afrontar un duelo en Navidad es muy complicado, de hecho, hay incluso personas que no la pueden celebrar por la tristeza que les supone. «En estos casos no se trata de esforzarnos por estar bien, sino de permitirnos sentir sin presionarnos. A veces ayuda mantener un pequeño gesto que nos conecte con esa persona, una vela, una receta, una canción o compartir un rato con alguien cuando nos apetezca. También puede ayudar planear algo sencillo para el día: salir a caminar, visitar un lugar tranquilo, preparar una comida especial o ver a alguien de confianza. Son acciones pequeñas, pero suelen aliviar», aconseja Yolanda

«En el duelo no hay formas correctas, solo maneras honestas de atravesarlo, especialmente en Navidad»

El duelo en Navidad

Pero, ¿qué ocurre si el peso es demasiado grande? Entonces, lo mejor es hablarlo con un profesional o con alguien que nos escuche de verdad. «En el duelo no hay formas correctas, solo maneras honestas de atravesarlo, especialmente en Navidad». Si por ejemplo nuestros padres acaban de fallecer, no se recomienda celebrar la Navidad en ese lugar, siempre aceptando que la tristeza va a ser nuestra compañera de viaje toda la vida, y, más especialmente, en los días señalados de nuestro calendario. Por su parte, el psicólogo Sergio García recomienda hacer nuestro pequeño homenaje a nuestro ser querido.

Si, por el contrario, conocemos a alguien que lo está pasando mal en estas fechas, también podemos ayudar. El consejo es claro: no hace falta hablar demasiado, a veces con una presencia tranquila es suficiente. «La Navidad remueve mucho, y acompañar sin prisa ni exigencias suele ser el mayor gesto de cuidado. Ayuda preguntar qué necesita, sin imponer nada y respetando su ritmo. Y es importante evitar frases como “tienes que animarte”, porque en estas fechas esos mensajes pueden hacer que la persona se sienta aún más incomprendida. La ayuda más valiosa suele ser la más simple, estar, escuchar y mostrar cariño. En Navidad, un gesto así puede aliviar más de lo que imaginamos», subraya Yolanda Romero.

Emociones, navidad, Psicología, soledad

Europa: ¿un giro hacia la extrema derecha?

España es el país que más rápidamente se está identificando con discursos de ultraderecha. Según los últimos datos de la Encuesta Social Europea, el 21% de los hombres jóvenes, superando la media europea del 14%. Solo el 11% de las mujeres españolas menores de 28 años se identifica con esta ideología, frente al 9% de la media europea.

“Un hombre verdad”

En su discurso está la idea de que el feminismo ha ido demasiado lejos y presentan la igualdad como una amenaza a su masculinidad. Promueven la imagen de “hombre de verdad” ligada a fuerza física, autosuficiencia emocional y dominio. Cualquier desviación se ridiculiza. Idealizan un pasado en el que el hombre tenía un rol claro y jerárquico y la mujer uno subordinado. En la base de cualquiera de los movimientos antidemocráticos vemos la nostalgia de una masculinidad hegemónica, además de un profundo malestar económico y el rechazo a la diversidad.

Aunque desde el punto de vista cuantitativo no hay datos exactos que permitan un retrato exacto, el sociólogo Antonio Nicolás Álvarez Benavides, profesor de la UNED, encuentra varios rasgos en común. En primer lugar, que hay muchos más hombres jóvenes que mujeres que apoyan estas actitudes. “Tiene que ver con una concepción de la masculinidad o una respuesta a sus crisis vitales a través de la reafirmación de su yo masculino”. El segundo aspecto es la sensación de crisis continuada que le impide un futuro claro. “Esta idea de precariedad influye de una manera cualitativamente muy importante”.

Además de esta generación que se ha criado sin conocer una situación diferente a la incertidumbre, el sociólogo repara también en esa otra, en torno a los cuarenta, que vivió una ruptura brutal con respecto a sus padres. “En conclusión, tenemos varias generaciones de hombres desesperados y con grandes dificultades para realizar sus proyectos vitales. En una situación de crisis, desafección y desolación, es muy fácil que calen estos discursos si no hay una alternativa”.

Una idea errónea de “ser hombre”

No solo en España, en muchos de los países de la OCDE, la extrema derecha está reclutando a jóvenes insatisfechos mediante mensajes persuasivos que fomentan comportamientos violentos, tanto en el entorno virtual como en la calle. Pamela Nilan, catedrática de Sociología de la Newcastle University, Australia, confirma que el colectivo que con diferencia se siente más atraído es el de los varones menores de 30, como respuesta a su trabajo precario y desempleo intermitente. Esto les da una sensación de desventaja que contrasta con las altas expectativas que se depositan en la masculinidad.

“La propaganda de la extrema derecha promete a los jóvenes blancos que se sienten agraviados una consideración como sujeto superior que restaura la jerarquía patriarcal occidental. Esta retórica sostiene que el feminismo y el orgullo queer no solo han debilitado a los hombres, sino que han debilitado a la sociedad en general”, expresa Nilan. Es el discurso que ha calado en la manosfera, la comunidad virtual en la que los hombres se quejan de su situación vital e incitan a otros hombres a llevar a cabo acciones contra las mujeres. Su narrativa estimula su imaginación supremacista masculina a través de cuentos fantásticos

Para frenar estos movimientos, el psicólogo Sergio García Soriano propone educación para el ciudadano y protección de la salud mental. “La educación pone en valor los principios democráticos y permite conocer su historia para no repetirla. Por otra parte, una sociedad que protege la salud mental es más fuerte porque es más flexible. Ayuda a saber hasta qué punto soy un odiador o qué dificultades en el camino me llevan a proyectar en los demás mi agresividad u odio. Cuando uno es conocedor de esto, se vuelve más flexible, mejora su convivencia consigo mismo y con los demás y tiene mejor salud mental. Una sociedad que se conoce es más satisfactoria”.

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La nueva fascinación antidemocrática

Cincuenta años después de la muerte de Franco, su sombra se proyecta sobre España tomando la forma de una nostalgia inquietante. Generaciones que no han conocido ni la censura ni la falta de libertades miran hacia aquella época con curiosidad y añoranza, ignorando hasta los crímenes cometidos. En su particular revisión, la dictadura se confunde con un espejismo de estabilidad laboral, prosperidad económica y bienestar social. En este ejercicio de amnesia donde la verdad se escabulle, se impone una pregunta: ¿cómo se puede sentir nostalgia de un régimen que ni de lejos conocieron?

Franco murió el 20 de noviembre de 1975 a los 82 años de muerte natural tras una larga agonía. Aprovechando este aniversario, grupos neofascistas europeos se están movilizando en Madrid para conmemorar su legado. El 8 de noviembre la ultraderecha de Núcleo Nacional ya congregó a unas mil personas vestidas de negro frente al Congreso de los Diputados con símbolos nazis, cantando el Cara al Sol y coreando consignas antiinmigración. Bajo el lema “Sangre, Tierra y Tradición”, la manifestación exhibió pancartas con mensajes como “las vidas blancas importan”.

Los actos previstos se ampliarán al menos hasta el 23 de noviembre con un encuentro en la capital que convoca La Alianza por la Paz y la Libertad, una red encabezada por xenófobos italianos que en España está representada por Democracia Nacional. Según dicen en sus redes sociales, tendrá como lema “Europa, una, grande y libre”, un guiño a la idea franquista de España: “una, grande y libre”. La intención es clara: “ir ciudad por ciudad, barrio por barrio, en toda Europa, para construir un contrapoder”.

¿Qué hace que tantas personas rechacen la democracia?

En la raíz de todo movimiento antidemocrático late la vieja creencia de que unos nacen para mandar y el resto obedece. Cualquier deriva antidemocrática brota de esta fantasía ancestral que considera la autoridad como un don y la obediencia un destino. Pero no hay una sola ideología que explique el rechazo a la democracia, sino distintos modos de pensar y percibir el mundo, según ha detectado un estudio británico con 842 ciudadanos publicado hace solo unos días en Annals of the New York Academy of Sciences.

Sus autores examinaron diferentes pensamientos ideológicos a partir de una pregunta: ¿qué rasgos y creencias predicen el apoyo a ideas que vulneran la democracia? La conclusión, sin duda chocante, es que tanto quienes defienden el orden establecido como quienes desean derribarlo pueden acabar justificando la censura, la violencia o la exclusión de ciertos grupos si se dejan vencer por un pensamiento rígido y simplista. El pensamiento abierto y la capacidad de considerar ideas contrarias actúa, en cambio, como una vacuna contra la desinformación y el autoritarismo.

Además, la percepción de que el sistema es ilegítimo o de que “los otros” ya han cruzado líneas rojas alimenta la disposición a vulnerar normas democráticas. Al psicólogo Sergio García Alonso le lleva a la ventana de Overton, una teoría política que explica cómo algunas ideas previamente impensables se convierten en aceptables. “Pensar que nuestra estirpe es la elegida hace que nos sintamos privilegiados y en ese privilegio desdeñamos a los demás. En ese rechazo al otro, rechazamos la propia democracia”, nos indica. Recurre al escritor Thomas Mann, que en 1943 ya sugirió que el fascismo regresaría envuelto en la bandera de la libertad.

El 20% de los jóvenes apoya la dictadura

Los datos del último CIS son elocuentes. Casi un 20% de los jóvenes españoles de entre 18 y 24 años cree positiva la dictadura franquista. Mejor que la democracia de Sánchez, para más del 17%. En cuanto a la población general, más del 21% piensa que los años de franquismo fueron “buenos” o “muy buenos”.

En nuestro análisis con expertos, encontramos varios caminos que confluyen en esta percepción. El primero, la educación. García Soriano está convencido de que no se ha cuidado la formación del criterio de nuestros jóvenes. “Hubo una Guerra Civil que se ha ocultado durante generaciones para no herir cicatrices o no levantar más heridas. Hemos vivido con un tabú de lo que fue la dictadura y no hemos aportado una información fidedigna en los colegios para pensar el pasado con un sentido crítico. Sin esta educación, ahora hay corrientes de opinión que encumbran los momentos más oscuros de las dictaduras”.

Antonio Álvarez Benavides, sociólogo y profesor de la UNED, encuentra el germen en la misma cuna. “Tenemos una generación de jóvenes que ha crecido en un contexto de crisis constante en el que sus condiciones laborales son asumidas ya como precarias y las expectativas de realizar sus proyectos vitales son muy negativas. Ese descontento y de crisis continuada les hace optar en muchos casos por este tipo de opciones populistas de corte antidemocrático”. En su opinión, esto se agrava con la normalización del discurso, incluso desde la “falacia de las elecciones”. “Es una de las cosas que considero más graves”, añade.

¿La nueva ola neofascista es una amenaza real?

“Vamos detrás de lo que sería responsable. Ninguna democracia está a salvo de nada. Los derechos y democracias no son para siempre. Se necesita un trabajo para mantenerlas. Se necesita enseñar a sus ciudadanos para que tengan criterio a la hora de sostenerlas. Está en riesgo porque hay un movimiento de ultraderecha antidemocrático. Es una cuestión que no solo sucede en Europa, sino en todo el mundo”, responde García Soriano.

Álvarez Benavides confía en que estos movimientos no supongan una desestabilización. “Para la democracia en sí, como un sistema de gobierno que compartimos y que es la base de la propia Europa, creo que no son una amenaza. Por el contexto internacional, parece difícil, más allá de lo negativo que pueda ser en muchos aspectos, que se pudieran repetir los regímenes autoritarios de principios del siglo XX en países como Alemania, Italia, etc. Por mucho que la ultraderecha esté avanzando y que eso es un hecho constatable, peligroso y dañino para la propia democracia, no creo que se vaya a producir un nuevo asalto al poder de regímenes totalitarios”.

Lo que sí constata el sociólogo es que la democracia en sí ha retrocedido tal y como la habíamos concebido. “Una de las características fundamentales de la democracia liberal es que los derechos han ido creciendo a lo largo de distintas generaciones. Ahora observamos en diferentes países de la UE, incluso en el nuestro, que algunos de esos derechos no solo se han puesto en cuestión por parte de la ultraderecha, sino que además se han ido recortando. Algunos tienen que ver con las libertades individuales y con el hecho de estar en sociedad con la propia identidad de uno. Es el caso de los derechos de igualdad o LGTBI”.

Este retroceso lo confirma un informe del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral: “Europa ha visto un estancamiento o retroceso paulatino de la calidad democrática. Aunque no estamos ante un colapso, el compromiso con la democracia liberal sigue alarmantemente insuficiente”.

Desconfianza hacia las élites

Entre los factores que alimentan actitudes antidemocráticas señala la polarización política, la desconfianza hacia las élites, la sensación de que la democracia no cumple, las crisis económicas y migratorias, la manipulación informativa, así como gobiernos que erosionan ineficaces.

El Instituto McCain organizó un taller en Varsovia en abril de 2025 con representantes de la democracia, la sociedad civil y los medios de comunicación de Georgia, Hungría, Polonia y Eslovaquia. En la discusión sobre los factores que impulsan los movimientos antidemocráticos en Europa y el “atractivo del hombre fuerte”, hubo pocas diferencias: la desigualdad de ingresos, el fracaso de la democracia para cumplir sus promesas, la política de agravios y el desorden informativo.

Necesidad de líderes visionarios

El hecho de que la mayoría de los dirigentes y candidatos sean hombres mayores, ricos agrava el problema. Los participantes concluyeron que el autoritarismo de derecha está en auge en muchos países, donde la ciudadanía adopta la idea de que tener un líder fuerte dispuesto a “luchar” es más importante que proteger los derechos individuales y los principios democráticos. A medida que el mundo pierde la fe en la democracia, se necesitan urgentemente líderes visionarios. Según un informe del Centro para el Futuro de la Democracia de la Universidad de Cambridge, a nivel mundial, el 57,5% de los ciudadanos de los países estudiados no está satisfecho. En 2005, esa cifra era solo del 38,7%.

Cómo poner freno

“No conozco las competencias de la UE o hasta qué punto debe intervenir -indica Álvarez Benavides-, pero hay cuestiones presupuestarias u otras formas de impedir que ciertas medidas alteren los derechos de las mujeres, como está pasando en Polonia, o los derechos de las comunidades LGTBI, como en Hungría. Hay mecanismos, pero no una voluntad política tan fuerte”. En cuanto a estos movimientos, lo ve más complicado. “Desde el punto de vista de la juventud, ha habido una desatención tremenda por parte de la UE y de todos los gobiernos. Solo un 3% de los políticos de la UE tiene menos de 30 años. Si vemos las partidas presupuestas para jóvenes con respecto a otras, como Defensa, son mínimas”.

García Soriano opina que la UE debería tomar medidas ante un problema tan severo. “No está siendo ágil a la hora de leer los movimientos antidemocráticos y ultras que existen. Necesitamos un viraje hacia valores democráticos. Si no, esto nos llevará a nuevas guerras y conflictos”.

política, Psicología, Salud mental

No conviene ser amigos de nuestros hijos

Matthew McConaughey ha hablado sobre la relación con sus hijos, Levi, Vida y Livingston, fruto de su relación con Camila Alves, con quien lleva casi 20 años. Lo ha hecho durante la presentación de la última película que protagoniza, Laberinto en llamas, dirigida por Paul Greengrass. Levi (17 años), su hijo mayor, forma parte del reparto de la película, por lo que el oscarizado actor ha aprovechado para hablar de su paternidad y acerca de cómo es la relación que mantiene con él y con sus otros dos hijos.

«Como padre, siempre pensé que había dos etapas: primero eres el padre, y luego, con suerte, te conviertes en amigo. Sin embargo, ahora que mis hijos son adolescentes, me he dado cuenta de que en realidad hay un papel intermedio, un puente entre esos dos, y es el de ser su hermano mayor”, comentaba. “Por eso, aunque sigo ejerciendo de padre, muchas veces me encuentro escuchando algo que les preocupa y, en lugar de darles una lección, me siento con ellos, les pongo una mano en la espalda y les digo: A mí también me pasó«. Esa interacción les ayuda a entender, según manifiesta McConaughey, “que el mundo no gira solo en torno a ellos, que no son los únicos con ese problema”.

Aunque sigo ejerciendo de padre, muchas veces me encuentro escuchando algo que les preocupa y, en lugar de darles una lección, me siento con ellos, les pongo una mano en la espalda y les digo: «A mí también me pasó».

Matthew McConaughey, actor y padre de tres hijos adolescentes

Sus palabras dan lugar a reflexionar acerca de cómo ha de ser la relación entre un padre o una madre y sus hijos, puesto que muchos creen (como él mismo lo creía en un primer momento) que lo más adecuado es ser amigos, establecer una relación de amistad. ¿Pero realmente es así? ¿O es preferible marcar cierta distancia?

Se lo hemos preguntado a Sergio García Soriano, psicólogo y psicoterapeuta (www.psicologosergiogarcia.com) y miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Lo que nos responde, partiendo de la base de que las palabras del actor Matthew McConaughey son las de un padre hablando sobre su hijo y, por lo tanto, son respetables, es que “no conviene ser amigos de nuestros hijos”.

Eso no implica que los padres no puedan ser amistosos con ellos. “Una cosa es que uno pueda ser amistoso, pero otra cosa es que uno no se dé cuenta de que cumple una función, sobre todo, en el desarrollo del niño y del adolescente”, explica. “Es decir, que son relaciones diferentes y, por lo tanto, cuando uno es padre o cuando uno es madre, tiene que aplicar una serie de conocimientos y una serie de códigos que, pudiendo ser flexibles, implican otra responsabilidad e implican otra figura”.

La relación entre padre e hijo en cada etapa evolutiva: factores a tener en cuenta

“El papel de padres y el papel de amigos es diferente y hay que tenerlo muy claro durante todas las etapas evolutivas del niño”, subraya el psicólogo. Durante la infancia, el papel fundamental del padre y de la madre es el de proteger y supervisar, el de poner normas y límites. “Tengo que tomar en cuenta a mi hijo, pero al mismo tiempo tengo que ser quien aplique las consecuencias y tengo que hacer un visionado de su vida para poder ofrecerle estrategias y, claro, no soy su amigo porque al mismo tiempo también puedo ser su censor, ya que le tengo que poner límites”, aclara. “En una primera infancia, adolescencia y juventud, el hijo necesita un padre que limita y, a partir de ahí, no se pueden establecer las relaciones de amistad”.

El papel de padres y el papel de amigos es diferente y hay que tenerlo muy claro durante todas las etapas evolutivas del niño

Sergio García Soriano, psicólogo y psicoterapeuta

Sergio García Soriano puntualiza que esa relación cambia (o debería cambiar) cuando el hijo llega a la mayoría de edad. “Ahí ya el visionado de la vida de mi hijo tiene que ser respetuoso y no le puedo limitar, sino que tengo que tener generosidad con sus puntos de vista”. Puntualiza, eso sí, que no se trata exactamente de una amistad, sino de “un apoyo férreo y, entre comillas, incondicional, frente a las cuitas de la nueva vida de mayoría de edad”.

En cuanto a las declaraciones de Matthew McConaughey acerca de que ejerce, en cierto modo, de hermano mayor de sus hijos, el psicólogo considera que se trata de “un posicionamiento sano frente a la vida de sus hijos” cuando estos son ya mayores . “Yo a eso no lo llamaría amistad, lo llamaría una relación sana con nuestros hijos, sin juzgarles y promoviendo y apoyando sus iniciativas o su toma de decisiones”.

¿Cómo es una relación sana entre padre e hijo?

“Una relación sana es cuando mi hijo tiene problemas y puede consultármelos, puede hablar conmigo o, aún no pudiendo hablar conmigo, sabe que, si me lo cuenta, no voy a ser autoritario con él o no voy a ser con él una persona que juzgue”. Teniendo esto en cuenta, el psicólogo hace hincapié en que en la adolescencia se necesita más un padre que esté ahí.

“Y eso no se improvisa. Eso tiene que ver con que, a lo largo de la vida del niño, del adolescente y ahora del joven, uno ha hecho lo que tenía que hacer y es estar ahí, que sufragarle los gastos necesarios hasta poder llegar a la juventud, es tener la comunicación necesaria hasta llegar a esa juventud. Y eso tiene que ver con haber pasado horas con ellos, haber tenido tiempo de calidad, haber sabido cuáles son los gustos y las necesidades de nuestros hijos…”.

En una primera infancia, adolescencia y juventud, el hijo necesita un padre que limita y, a partir de ahí, no se pueden establecer las relaciones de amistad

Sergio García Soriano, psicólogo y psicoterapeuta

El psicólogo añade que es importante también ponernos “un poco por detrás”, es decir, no tener ego, puesto que eso puede contaminar la relación con el hijo, “de tal manera que, cuando me cuentan algo, no contesto como padre, sino que esas heridas emocionales que yo tengo o tenía se las he generalizado a mis hijos”.

“¿Qué es ser padre?”, se cuestiona García Soriano. Ser padre es “haber sabido limitar cuáles eran mis problemáticas personales para poder escuchar y atender cuáles son las problemáticas y necesidades de mis hijos a lo largo de la evolución y de sus fases de crecimiento”. En este sentido, ejercer como padre, dice, “en ocasiones es poder hablar con ellos de los temas en concreto y otras veces sin necesidad de hablar con ellos, ellos saben que yo estoy ahí porque he cumplido a lo largo de esa evolución”.

Emociones, Familia, Hij@s, Psicología

Seis mitos sobre el pelo que pueden afectar a nuestra autoestima

La falta o el exceso de cabello y hasta su color o estilo han generado y generan en muchas personas falta de autoestima. Igual que hay una belleza normativa respecto al cuerpo, también la hay respecto del cabello y quien no corresponde con ella, puede sufrir complejos. El psicólogo Sergio García afirma: «Detrás de este tema se esconde la belleza de uno mismo y cómo uno se posiciona frente al mundo. Y por lo tanto, cuando hablamos de estética hablamos de integración, hablamos de belleza y hablamos de una identidad propia a través del pelo. Por lo tanto, no es un tema baladí, sino que es un tema muy importante y fundamental en cada uno de nosotros».

En Objetivo Igualdad hemos repasado algunos de los mitos o sesgos que la cultura occidental impone sobre el cabello, sobre todo el de las mujeres.

Más femenina si tiene melena

La femineidad a menudo se ha asociado a una melena larga y abundante. Existe el sesgo inconsciente de que una mujer sólo puede estar calva si está gravemente enferma. Por eso, las mujeres con alopecia sufren un estigma especialmente duro, mucho mayor que los hombres. Ellas se quejan de que muchas personas asumen que padecen cáncer. Existe un gran desconocimiento sobre los tipos de alopecia que puede tener una mujer. Los más comunes son la alopecia androgenética -la que genera la calvicie en los hombres- que también se puede dar en mujeres, o la alopecia areata, autoinmune.

A la creadora de contenido Carlota Quiroga le diagnosticaron alopecia androgenética con 14 años: «Se intentaba aparentar que no me pasaba nada y al mismo tiempo yo me veía completamente atravesada por ello, desde mi apariencia a medicamentos a tener que llevar a cabo rutinas y por supuesto, miradas indiscretas de gente que no comprendía que me estaba pasando», recuerda.

Quiroga reconoce que, ya adulta, vivía esa situación con sufrimiento: «Yo me autocastigaba de alguna forma poniendo en duda mi profesionalidad. Me acuerdo perfectamente el momento de mirarme en un ascensor subiendo a la oficina y pensar quién me iba a tomar a mí en serio, si tenía el pelo como lo tenía, si se me asomaba el cartón, si tenía sus huecos». Pudo optar por ponerse una peluca, pero decidió raparse: «Llega un momento de mi vida en el que otras cosas se vuelven más importantes y hace que mi cabeza haga un click literalmente y decida raparme para apropiarme un poquito de qué es lo que yo ponía ahí fuera, qué es lo que representaba para mí mi propia imagen».

El rapado es un castigo

Tan asociada está la cabellera a la identidad femenina que en las guerras y en otros entornos, se ha utilizado el rapado del pelo como uno de los mayores ataques que se podía infligir a la dignidad de una mujer. Es cierto que en los campos de concentración nazis y otras concentraciones masivas de personas se las ha rapado con la explicación de la higiene, para que no proliferaran los piojos. Pero este rapado tiene más connotaciones.

Es el caso de las represalias sobre las mujeres republicanas tras la guerra civil española. «El rapar a las mujeres en las guerras tenía que ver con quitarles su dignidad, tenía que ver con castigarlas, Tenía que ver con una mirada en la cual yo soy el responsable y te voy a eliminar todo lo que tenga que ver con tu singularidad. Es decir, no solamente te eliminó el cabello… De esa manera, también te estoy diciendo eres mía, estás bajo mi yugo», explica el psicólogo Sergio García.

En cambio, como reacción a esa sujeción de la femineidad, en diversas épocas de la historia se ha utilizado el rapado como un signo de empoderamiento femenino o de mostrar que se puede ser mujer por encima de los estereotipos. Y es que no siempre la imagen de femineidad dependía del cabello natural. En el Antiguo Egipto, tanto hombres como mujeres de clase alta se rapaban y utilizaban pelucas como moda. En las últimas décadas, la imagen rapada de artistas famosas como Sinead O’Connor, Sigourney Weaber o Demi Moore ha abierto puertas. También muchas mujeres feministas y lesbianas han utilizado el rapado de forma transgresora.

La rubia es angelical… o tonta

En la tradición europea se asocia el pelo rubio con la inocencia, la bondad y la belleza. Puede parecer una cuestión de gustos particulares, pero el trabajo de la investigadora y profesora de la Universidad de Vigo, Nuria Bouzas Loureiro, arroja resultados sorprendentes. Ha estudiado cuentos infantiles clásicos como Caperucita Roja, Rapunzel, La Bella Durmiente, Blancanieves… Salvo en este último caso, en la mayoría de los cuentos originales no se especifica el color del cabello de los personajes. En cambio, cuando se analizan las ilustraciones de esos cuentos a lo largo del tiempo: «Siempre se ha recurrido a identificar el pelo dorado en las mujeres que representan el ideal a seguir, las princesas, las niñas que necesitan ser salvadas, etc». Esa bondad que se asocia con el pelo rubio degenera a veces en otro estigma: el de la «rubia tonta», porque se une la inocencia que se le supone a la mujer rubia a una postura la infantiliza y la considera inferior.

La cruz de esta moneda está en los personajes con cabello oscuro. En su investigación, Bouzas ha constatado también que: «Para aquellos personajes que representan, por así decirlo, la maldad femenina o lo que no hay que hacer, cómo no hay que actuar, siempre se recurre a coloraciones como el negro y el rojizo también».

El pelo rojo en la mujer se liga al mal y la brujería desde la Edad Media y es el color por excelencia de la mujer fatal en innumerables cuadros e ilustraciones. Respecto a la identificación de la melena con la femineidad, Bouzas recuerda que en la historia del arte europeo cambian los tipos de cuerpos de las mujeres según los gustos de cada época, pero el cabello de la mujer bella siempre es representado largo.

Pelo largo y desinhibición sexual

«Se ha recurrido a asociar el pelo largo con la idea de libertad, de desinhibición, la sexualidad o incluso con situaciones en las que normalmente se considera que se pierden las formas o que se rompe con las normas. En cierto sentido, al contrario, el pelo recogido o el pelo corto, el pelo atado lo solemos identificar con la idea de de recatamiento, de saber estar», explica Nuria Bouzas, autora del ensayo «Lo que el pelo dice de nosotras» (Dardo, 2023) junto con Susana Cendán Caaveiro.

«Hay una relación del cabello y con el erotismo. El poder pensarlo de esa manera tiene que ver con una mirada masculina. En el fondo, no ha habido una mirada femenina hasta el último siglo. Por lo tanto, ha sido la mirada masculina aquella que escribía y aquella que ponía los estándares de la belleza«, explica Sergio García. Esto sucede también en otras culturas, como la musulmana o la hebrea, que estigmatizan como pecaminoso el pelo femenino e imponen a las mujeres su ocultación bajo velos o pelucas.

Racismo contra las melenas afro

El cabello también pude revelar diferencias de clase o incluso racismo. Es el caso del pelo afro que, en EE.UU. ha sido uno de los elementos de opresión de la población afroamericana. El rechazo a este tipo de pelo por la mayoría blanca ha dado lugar a discriminación de jóvenes en los entornos educativos e incluso a problemas laborales. Muchas mujeres se han visto obligadas por una presión no explícita a alisarse el pelo y acercarse a la tipología de persona blanca para poder acceder a un empleo o determinadas posiciones sociales.

La activista Gisette Rosas explica: «Esto tiene que ver con un concepto que se llama violencia estética y violencia institucional, sobre todo a la hora de aplicar para empleos, a la hora de estar en ciertos espacios de estudio o espacios profesionales, incluso espacios médicos. Hay compañeras activistas que han denunciado que se encuentran en sus espacios de trabajo, que son enfermeras o trabajadoras de la salud, donde se les reclama, se les cuestiona el uso del pelo de alguna u otra manera». No sólo sucede en entornos de trabajo de oficina. Rosas cita como ejemplo la falta de gorros de uniformidad en hostelería hechos para una cantidad de pelo como el suyo.

A esto se une que el pelo rizado natural en general y el pelo afro en particular han estado ausentes de la representación en revistas de belleza o peluquería, etc., como si no existieran.

Rosas explica que en España existe una tolerancia mayor y que el pelo afro suscita más curiosidad que otra cosa, pero lamenta la dificultad de poder cuidarlo: «No encontramos los productos, no hay peluquerías especializadas para nuestro pelo. Ahora cada vez mucho más, y eso es una fortuna. Pero hasta hace unos cinco o seis años yo diría que era más complejo encontrar quien te cuidara el pelo y como sobre todo llevarlo de manera natural».

Canas: Te vas a echar 20 años encima

Otra imposición bastante común es la que empuja a las mujeres a teñirse para aparentar una eterna juventud. La frase: «Te vas a echar 20 años encima» resuena todavía en la cabeza de mujeres que deciden dejar de teñirse. La pandemia del COVID-19 ha marcado un antes y un después y muchas mujeres optaron por comenzar a lucir sus canas naturales. En este caso también, el ejemplo de famosas como Andy MacDowell, Helen Mirrell, Ángela Molina, Meryl Streep o Jane Fonda ha sido determinante.

Este caso, el de las canas, es uno de los que mejor representan la diferencia de estereotipos. Mientras que a los hombres con canas naturales siempre se les ha visto atractivos y en ellos representaban sabiduría y experiencia, su estigmatización en las mujeres correspondían a ese edadismo que hace todavía que las mujeres se vuelvan invisibles cuando cumplen cincuenta años.

Afortunadamente, ese estereotipo, como otros muchos, está desapareciendo poco a poco.

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