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Autor: Sergio García Soriano

¿Por qué son hombres el 81% de las personas que mueren ahogadas en España?

En todas las comunidades autónomas se ahogan más hombres que mujeres. Un psicólogo, dos socorristas y un superviviente de ahogamiento nos explican cómo la temeridad aumenta considerablemente la posibilidad de morir.

Félix Llorente tiene 71 años y en octubre de 2024 pasó una semana en la UCI intentando sobrevivir a un ahogamiento
Todos los días pasa horas nadando y ejercitándose en la playa Cala Major de Palma de Mallorca, pero no recuerda qué le pasó ni qué lo llevó a tragar tanta agua el día en que casi muere. Hoy solo tiene palabras de agradecimiento para los socorristas que salvaron su vida y aconseja ser menos temerario en el agua, el comportamiento por el que ocho de cada 10 víctimas mortales de ahogamiento son hombres.
Cada día de 2025 impone un nuevo récord de ahogados fallecidos y el 81,25% son hombres. Detrás de este fenómeno hay varias causas, pero la más señalada es la falta de prevención.
Un concepto que incluye a los bañistas y a toda la sociedad en general, pues los expertos del sector lo utilizan para definir un abanico de condicionantes que van desde no entrar a la playa bajo los efectos de las drogas, hasta la inexistencia de medidas coercitivas o de campañas de concienciación
Hombres como Llorente, que alardea de sus habilidades acuáticas, no necesitan casi morir para entender “que debemos respetar el mar”.

8 de cada 10 víctimas de ahogamiento son hombres

Fallecidos por ahogamiento en el agua en lo que va de 2025, según sexo. Datos hasta el 10 de
septiembre.

De acuerdo con un artículo de la revista científica Emergencias,
los hombres tienen el doble de probabilidades de ahogarse que las mujeres y la mortalidad en países de bajos ingresos triplica la de países de altos ingresos. “La mortalidad por ahogamiento está infraestimada y la morbilidad desconocida.
La prevención es el factor clave para la reducción de la mortalidad y morbilidad, pero si esta falla, la rapidez y calidad del tratamiento tanto prehospitalario como hospitalario determinarán el pronóstico”, precisa el estudio realizado en 2019 por tres profesores de la Universidad de Santiago de Compostela.
El psicólogo madrileño Sergio García, quien ha tratado con supervivientes y familiares de fallecidos por ahogamiento, señala que los hombres en la adolescencia pueden desarrollar conductas temerarias
para defenderse así mismos y mostrarse más masculinos y valientes. Las mujeres, al contrario, “tienen una psiquis que las impulsa más a mantenerse vivas, y se conocen mucho mejor a sí mismas. Esto se puede ver muy bien en los adolescentes, porque ellas son las que antes maduran”.

La valentía sin sentido como sinónimo de muerte trágica

Entre el 1 de enero y el 10 de septiembre de 2025 murieron ahogadas 384 personas en aguas españolas, según datos facilitados a este diario por la Campaña contra el ahogamiento del Gobierno de Canarias. Al frente de esa campaña destaca el buzo y rescatista profesional (campeón mundial en este apartado),
Eduardo Blasco. Él admite que al haber más turismo y más bañistas era de esperar que aumentaran los ahogados en España, pero el crecimiento de los fallecidos (471 en 2024) ha sido tan desproporcionado ,que superaremos los 500 mucho antes de lo previsto. Otra causa es la falta de vigilancia en las playas, donde ocurren la mayoría de los siniestros, pero aunque se vigile cada palmo de arena lo más importante es lo que hace el bañista, matiza el especialista.


“La temeridad es un factor determinante en el ahogamiento”, explica Blasco, especializado en rescates en alta mar. “No se pueden asegurar todos los cuerpos de agua. La inmensa mayoría de las playas, lagos y pantanos españoles no tienen vigilancia. Solo Canarias, por ejemplo, tiene 1.500kilómetros de costa, al igual que Galicia. En mi opinión es extremadamente ineficiente poner vigilancia en costas sin playas y el resto de sitios no autorizados para el baño. La gente no se puede meter en ellos.
Hay que concentrar los recursos en aquellas zonas donde haya más probabilidades de que ocurran ahogamientos”

Mientras Blasco conversa con este diario, le llegan notificaciones al móvil alertando de un nuevo siniestro. “Acaba de fallecer un hombre en Telde ,Gran Canaria”, lamenta el buzo. Así pasan los días y las víctimas aumentan sin que se delimiten responsabilidades o se tomen medidas concretas. Mientras tanto, hay circunstancias aún más preocupantes, como la huelga sostenida por los socorristas de la ciudad de Barcelona durante 27 días este verano.

«Los hombres somos más estúpidos que las mujeres en el agua. Nos creemos más valientes»

De ahí que Llorente, el superviviente mallorquín, se considere un privilegiado. Dice que tuvo mucha suerte para sobrevivir después de haber permanecido flotando durante varios minutos en la playa. Los socorristas lo reanimaron durante 20 minutos en la arena. Hoy reconoce sin tapujos la mala pasada que le jugó haberse confiado: “Los hombres somos más estúpidos que las mujeres en el agua. Nos creemos más valientes y ellas son más inteligentes. Yo paso mis días en el mar haciendo de todo y ese día no sé qué me pasó que me encontraron flotando en el agua a poca profundidad. El mar estaba picado y no recuerdo qué sucedió. Llevo toda la vida en el mar y jamás me había pasado algo parecido. Es muy peligroso bañarse en el mar picado. Ahora cuando lo veo así me da miedo”.

Como psicólogo, García señala que hombres apasionados del mar y buenos nadadores son un perfil común en este tipo de siniestros: “Esto tiene que ver con las conductas temerarias que desarrollan los hombres para verse más masculinos y valientes, termina siendo un rasgo implícito de la personalidad. El ser humano es terrestre y cuando está en el espacio aéreo o acuático las conductas temerarias son más sustantivas. El instinto de supervivencia nos haría detenernos ante el peligro, pero los hombres temerarios no lo ven. Llama la atención que la mayoría de las víctimas sean hombres mayores, que deberían ser más prudentes, pero quizás quieren demostrar que tienen la fuerza y la consistencia de cuando tenían 30 años”.


García recomienda tratar la temeridad con sumo cuidado y asistir a terapia si fuese necesario , porque suelen ser personas que están en contra o no valoran lo suficiente su propia vida. “Hay que revisar a estas personas para saber por qué se exponen así. Muchos llegan a consulta tras la presión de sus familiares, que le exigen, por ejemplo, no adelantar de manera brusca en la carretera. Los familiares de las víctimas mortales quedan muy tocados porque creen que podían haber hecho algo para impedir la tragedia, y rara vez reconocen las imprudencias que cometió su ser querido. Cuando alguien muere suele vérsele con cierto halo de santidad”.

Federico Oberti, un rescatista argentino de 38 años que trabaja en Ibiza, también señala la elevada frecuencia con que ve actitudes envalentonadas de bañistas hombres: “Hay cosas que prácticamente solo hacen los hombres en la playa. Veo cómo a diario se tiran desde lugares peligrosos, intentan nadar grandes distancias sin saber hacerlo o utilizan barcas para adentrarse en el mar sin las condiciones adecuadas. Los varones terminan asumiendo riesgos innecesarios para muchas veces demostrar algo o llamar la atención”.


En cuanto a los menores de edad (fallecieron 49 por ahogamiento en los primeros ocho meses de 2025), deben extremarse las medidas de prevención.
La OMS recomienda vigilar directamente a los menores de seis años y enseñarlos a nadar. También pide promover la “seguridad acuática”, un concepto en el que incluye mejorar la gestión del riesgo de inundaciones ,cumplir las normas de navegación o colocar barreras en las piscinas. La Policía Nacional va un paso más allá y especifica cuán celosos debemos ser al vigilar a los menores en áreas de baño. “Mira a tu peque cada 10 segundos como mínimo y a una distancia que puedas recorrer en 20 segundos como máximo, detalló la Policía en X a mediados del verano sobre lo que denominan “regla del 10/20”.

Otro problema radica en la incertidumbre con las cifras reales de ahogamientos, porque es prácticamente imposible contabilizar todas las personas que se ahogan en contextos en los que suelen intervenir muchos factores. “Tenemos un problema impresionante para acceder y cotejar los datos que dan las consejerías autonómicas, el Gobierno central u otras organizaciones públicas o privadas”, explica Blasco. “Muchas veces no se contabilizan como ahogamientos casos que sí lo son. Si alguien se diese un golpe y cayese al agua, un forense tiene que determinar de qué murió, o a veces se pierde el cuerpo y eso provoca que varíen las cifras de fallecidos. La Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo es una organización deportiva y tiene una capacidad limitada. El Gobierno central debería llevar un control más exhaustivo de estas muertes, como han hecho las autoridades de Canarias, porque no es sostenible que aquí haya más muertes por ahogamientos que por tráfico”.

Qué se puede hacer para que haya menos ahogados

La temeridad es lo que hace que el perfil del ahogado en España sea un varón de entre 40 y 55 años, detalla Blasco, aunque el rango etario con más víctimas en 2025 es el de 65 a 74 años. “Los hombres suelen practicar más deportes acuáticos, pesca submarina y pesca convencional, por eso se exponen más”, continúa Blasco. “Hay más hombres que mujeres saltando de lugares peligrosos. Creo que
debería existir un sistema que impidiera entrar borrachos o con niños pequeños a la playa. Los socorristas deberían tener más competencias administrativas para fiscalizar a las personas que cometen delitos en la playa. Todos entienden que soy un irresponsable si dejo a mi hijo solo en la carretera, pero no piensan lo mismo si lo dejo en la playa”.


Blasco considera que los socorristas tienen las manos atadas. Una persona que se mete al agua violando una bandera roja y no sale cuando se lo indica el socorrista, puede permanecer ahí hasta que llegue la policía, pero “no deberíamos llegar a tanto”. “El socorrista debería poder registrar e identificar a estos sujetos para que su informe y su trabajo en general tengan más validez. Ahora solo tiene dos alternativas: arriesgar su vida para salvar a alguien que ya alertó, o dejar que se ahogue. De ahí que debería crearse una tercera vía, dándoles la capacidad de fiscalizar lo que hacen las personas. De lo contrario caemos en batallas de bar y de relato sobre quién hizo qué, y esto es demasiado serio como para dejarlo a consideración de un bañista irresponsable que debería ser multado si no hace las cosas bien”.

El trabajo de los socorristas también se complica por ciertos esterotipos o creencias falsas que existen en torno a las víctimas de ahogamiento. Para empezar, generalmente no gritan ni piden auxilio con claridad y puede ser muy difícil diferenciar a una persona que flota a placer de otra que yace inconsciente sobre la superficie del agua. Ese escenario idílico, en el que alguien se ahoga y termina rescatado en segundos por un vigilante bronceado y fornido, viene de productos televisivos y cinematográficos como la serie Los vigilantes de la playa, que arrasó en audiencias durante los años 90.

Hay que cambiar muchas cosas en torno al baño recreativo en España, opina Blasco, porque el concepto que se maneja “apenas ha mutado desdelos años 70”. Los bañistas no tienen claro cuáles son los elementos de flotación homologados y algunos creen que pueden bañarse hasta la cadera con bandera roja. Otros entran en sitios que no están habilitados para el baño y, por ende, no cuentan con ningún tipo de vigilancia o sistema de protección. El gráfico anterior muestra los escenarios donde han ocurrido en 2025 las muertes por ahogamiento en España, destacando las playas.


“No hay una campaña sobre ahogamientos en la televisión como la de la DGT para los accidentes de tráfico y no está prohibido bañarse drogado”, lamenta Blasco. Hay que educar a la gente para que sepa que es muy fácil morir ahogado, y cómo funciona realmente el mar. Otra cosa es que en las escuelas no se enseña a brindar primeros auxilios, y eso es algo que podría ayudar a reducir las muertes por ahogamiento en hasta un 30%”. Por último, Blasco denuncia que el ratio de socorristas en España se calcula actualmente por la población de los municipios y en muchos no se tiene en cuenta la cantidad de turistas que llegan. “A veces los ayuntamientos son muy pequeños y no pueden asumir gastos grandes en ampliar la plantilla de socorristas. El socorrismo debería ser una profesión más valorada. Ni siquiera existe una regulación unificada de cómo se debe contratar o no a un socorrista. Las concesiones de las playas en España se hacen por concurso y siempre ganan las empresas que menos presupuesto demanden, por eso cobramos poco y no recibimos una adecuada formación. El resultado es un trabajador que está mal pagado, mal preparado y mal dotado de medios, porque no le van a poner la mejor moto y torre de playa a un tipo que se está jugando la vida por 1.200 euros al mes. Todo esto afecta al pobre señor que se está ahogando”.

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accidentes, Patologías, Psicología

La oratoria y sus inhibiciones

El psicólogo Sergio García Soriano escribe un nuevo artículo para EFEsalud dentro de su serie “Psicología de la vida cotidiana”, que centra en la oratoria y el miedo a hablar en público

La oratoria y la dificultad para hablar en público es el tema que aborda el psicólogo Sergio García Soriano en un nuevo artículo dentro de la serie “Psicología de la vida cotidiana”.

La oratoria y sus inhibiciones

por Sergio García Soriano

El miedo a hablar en público o pánico escénico está relacionado con personas que tienen altas exigencias sobre sí y generan “inhibiciones” sobre su decir. Además de acudir a un psicoterapeuta, uno de los antídotos pasa por tener confianza y trabajar el tema.

Hay diversos mitos como pensar que hay que controlar las palabras con exactitud o que hay que dominar la puesta en escena o decir cosas interesantes poniendo el foco exclusivamente en el que habla.

Hoy sabemos que el orador tiene que disfrutar y haber trabajado el tema que quiere exponer y se tiene que dejar llevar por el contenido siguiendo la estructura propuesta y pudiendo improvisar en la misma.

La sensación de autenticidad se produce cuando el que habla se deja sorprender por lo que dice haciendo cada exposición ligeramente diferente a la anterior aunque sea similar propuesta.

Y el interés lo debe poner el público. No hay temas interesantes a priori sino que es un esfuerzo o posición a realizar desde el que escucha. Esta realidad permite relajar la comunicación quitando parte de la exigencia sobre el conferenciante.

Los grandes comunicadores aceptan esta consideración grabándose sus “clases” para luego escucharlas sabiendo que el sentido final del acto se realiza en el escuchante.

La oratoria está relacionada con la psiquis, no es solo cuestión de hablar fluidamente con “técnicas”, sino que nuestra autoestima y seguridad en nosotros y en el futuro están muy mezcladas a la hora de expresarnos.

Psicología y oratoria

“El discurso del rey”. película basada en hechos reales, aborda como el rey de Inglaterra acepta su “tartamudez” con la ayuda del “terapeuta del habla” y como llega a consolidarse como líder viendo la importancia de la comunicación efectiva en un momento de crisis social y política.

De igual manera, el cantante Miguel Bosé expone que perdió la voz cuando se perdió a sí mismo por problemas afectivos y cómo recuperándose emocionalmente ha podido volver a hablar al público y cantar.

Algunos de los ejercicios que se recuerdan para relajar al conferenciante es que imagine al público desnudo o que haga estrategias nemotécnicas de memorización.

Sin embargo, la realidad es que algunas de estas estrategias pueden distraer al ponente de su cometido: contar una historia.

Cuando se practica y uno cree en lo que dice se genera una automatización o naturalización del discurso necesaria para una buena transmisión. Cuando uno mejor cuenta una historia es cuando no se da cuenta de que la ha contado o la está contando.

EFEsalud, patología, Psicología, Salud mental

¿Pero por qué votan a la extrema derecha tantos jóvenes?

Primer mandamiento: “Ataca, ataca, ataca”

Segundo:  “No admitas nada y niega todo”

Tercero: “No importa lo que suceda, reclama la victoria y nunca aceptes la derrota”

Estos son las reglas que se exponen en Ángeles de América una función teatral estadounidense de 1991 que ha avanzado el lema de nuestros días de parte de la ultraderecha internacional.  ¿Pero cómo hemos llegado a esto?

Se pueden analizar varios elementos de lo sucedido. El sujeto psíquico se compone de masculino y femenino en cada uno de nosotros, nuestro fenotipo, expresividad, nuestras maneras conjugan esas dos formas, la acción y la receptividad y más allá del sujeto biológico dan un humano complejo y en combinación de caracteres. Aquellos participantes de la ultraderecha muestran una masculinidad muy marcada, parecen masculinos masculinos como si negasen una parte de la femeneididad consustancial a todo humano. Después en su discurso y en el género de sus dirigentes se palpa una ausencia de la mujer más allá de la madre y también ausencia de mujeres en las listas electorales.

Por otro lado, cuándo preguntan pero ¿por qué entre los chicos jóvenes tiene cierto éxito, es que no ha impregnado la escuela y su valores de tolerancia en esta generación? La extrema derecha está vendiendo “odio” al inmigrante y odio a una parte de nuestro propio país y eso es muy atractivo para un sector de la juventud que necesita líderes de opinión y sentirse integrados y la extrema derecha ha conseguido esto. Dan una expectativa para conquistar nuevas “tierras” y ponen el “honor” como bandera. Es probable que el gran calado que tiene sea entre una población que ya tenía el odio como emoción preferente antes de ellos y que ahora puede canalizar de una manera socialmente aceptable. Insultar o ridiculizar a Sánchez se ha convertido en ciertas poblaciones en una exposición de “hombría” que sirve como elemento socializador y genera pertenencia a un grupo. Pero ¿por qué odiaban antes de la extrema derecha? Lo que más odio produce es sentir que uno no va a poder mantenerse salarialmente en el mundo. Son personas que alguna vez pensaron que no iban a poder ganarse el sustento o el pan y eso ha producido en ellos ese odio, no es que solamente odien al extranjero o diferente, lo odian como síntoma de que ellos pensaron en que no podían mantenerse a sí mismos y ven como otros si lo hacen. Sin embargo, en vez de reflexionar sobre las deficiencias del sistema como argumento complejo buscan una cabeza de turco que les separe de ese sentimiento de no valía primero. Sentir  falta de amor  produce tristeza pero pensar que no seré capaz de ganarme el sustento produce “odio”.

Por otro lado, el sentimiento de “ser español” está muy presente de tal manera que es un sentimiento intensificado donde se confunde “ser franquista” con el sumun del sentimiento españolista. Cómo si hubiese diferentes grados de españolidad o cómo si sólo fuera un sentimiento ser español. Ser español es también pagar los impuestos en nuestro país y consumir en nuestro país, eso me alía con la población, con sus productos, con su manera de pensar. Si analizásemos a varios de esos grupos de jóvenes que espetan “con Franco se vivía mejor” podemos ver que el vínculo generalmente con el abuelo es fuerte aunque el abuelo ya no viva pero ellos han generado esa ligazón afectiva hacia su figura y más allá de esa aseveración que hacen no pueden desarrollar más argumentario. No obstante, sería legítimo exponer motivos o razones de un lado u otro pero lo interesante es que hay una idea de “volver al pasado” como si esto fuera posible, el siglo XXI tiene sus propios ciclos y estábamos en un mundo globalizado querer volver al pasado, querer regresar al proteccionismo o al feudalismo nos saca de la economía y de la idea de prosperidad que ha conseguido el capitalismo y la democracia. Querer regresar al pasado o  a la infancia de uno sería querer regresar a los brazos de la madre y la autoridad del padre del ordeno y mando, donde todas nuestras necesidades estaban cubiertas sin ser responsables pero no es lo que procede para ninguno de nosotros en pleno 2025.

El avance de los extremismos viene precedido de un fracaso del sistema que no pudo ilusionar y dar mejores opciones de futuro a nuestros jóvenes y éstos deciden romper el sistema desde dentro votando a la opción radical que posiblemente empeore la situación para jóvenes y la población general.

Por Sergio García, psicólogo.

democracia, política, sentimiento

Mitomanía, el trastorno psicológico que dice sufrir Frank Cuesta

“No tengo cáncer”, “nunca he rescatado animales”, “no soy veterinario”, confiesa el televisivo Frank Cuesta en un vídeo en sus redes sociales. Reconoce que todo ha sido parte de un “show” y que se le ha ido de las manos por sufrir “un grave problema de mitomanía y ego”. ¿En qué consiste este trastorno psicológico?

Frank Cuesta, que decía tener un santuario de animales rescatados en Tailandia y que se hizo famoso en televisión por ser un experto, dice ahora que ni es veterinario, ni herpetólogo (especializado en anfibios y reptiles) y que en realidad tenía una granja con animales comprados.

Pero también dice haber mentido sobre la supuesta leucemia que padecía y ahora asegura que es una mielodisplasia.

EFEsalud ha consultado con fuentes de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) que explican que una mielodisplasia o un síndrome mielodisplásico es un cáncer sanguíneo que, además, puede tener el riesgo de evolucionar hacia una leucemia en el 10-20 % de los casos y que afecta a personas con una media de edad de 76 años.

Mentiras patológicas

Las falsedades reconocidas por el presentador del programa “Frank de la jungla” se deben, según apunta, a un problema de mitomanía, un trastorno psicológico que consiste en un “exceso de mentira patológica” y de narcisismo.

Lo explica Sergio García, portavoz del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid: “Esas mentiras son para conseguir algo, se creen su propio delirio”.

El psicólogo apunta a que, en muchas ocasiones, la mitomanía puede responder a mentir de forma compulsiva pero también puede perseguir un beneficio.

“En la literatura de la Psicología se recoge la relación del mentiroso compulsivo con una baja autoestima. Necesita decir mentiras para atraer la atención y la admiración sobre él”, indica el psicólogo.

Y esa baja autoestima no es incompatible con un alto ego: “El anverso y el reverso de la moneda tiene que ver con tener mucho ego y al mismo tiempo creerse inferior. No me creo importante y a partir de ahí elaboro un gran personaje para llamar la atención”.

Los mitómanos, en general, “son personas que están delirando y que nos hacen ver un personaje ególatra, que quiere ser el centro del mundo”.

Y además hay un componente de narcisismo al querer ser el centro de atención y “me invento una vida que no tengo”.

Este psicólogo sanitario pone como ejemplo de personaje histórico con mitomanía y narcisismo a Napoleón.

El especialista asegura que el afectado no suele reconocer que padece trastorno psicológico alguno y que es su entorno el que propicia que acuda a terapia.

Es necesario aplicar una terapia cognitiva para llegar a la raíz del problema: “Averiguar por qué ha necesitado elaborar un personaje ególatra para poder sobrevivir” y después conseguir que lo asuma, concluye Sergio García.

EFEsalud, Patologías, Psicología

Perfil victimista, la cultura de la queja

Hay víctimas, aquellas que han sufrido un daño objetivo y otras con “rol de víctima”, de perfil victimista, que se atribuyen una ofensa y organizan la propia vida en torno a este rol social.

Con el victimismo, se busca el reconocimiento social desde un estilo de de atribución externo que se sustenta en el siguiente pensamiento: “Yo soy la víctima y tengo la razón, vuestro dolor o vuestro punto de vista es inferior al mío”.

De tal manera que estas personas se sienten con el derecho de comportarse de forma agresiva y egoísta puesto que, según ellos, su alto sufrimiento justifica cualquier acto.

¿Cuál es el perfil de una persona victimista?

  1. Personalidad ansiosa que fomentan alta vigilancia hacia el entorno, aunque tengan una baja empatía hacia los demás.
  2. Muestran una baja autocrítica hacia sí mismos y, sin embargo, se muestran intolerantes con los errores de los demás.
  3. Pesimismo. Tienden a exagerar los aspectos negativos y generan un malestar familiar o del entorno por ello, obviando puntos de vista más complejos de la realidad. Entran dentro del esquema maniqueo bueno/malo. Y enlazan con el planteamiento de que la víctima es siempre la buena y existe un halo de superioridad moral del que participan.
  4. Rencor. Aquellas personas que presentan el rol de víctima, tienen varios sentimientos dañinos acumulados de ira y agresividad. Pueden emitir expresiones de desprecio a intolerancia hacia la integridad física y moral de otras personas a las que ella puede considerar culpables por alguna razón.
  5. Tendentes a buscar culpables y con actitud de desconfianza. Pueden generar un trastorno paranoide de la persona en casos graves.
  6. Rumian sobre el pasado. La ofensa percibida está frecuentemente en su mente y en su decir, aunque esta haya sido producida hace años o décadas.

Nuestra sociedad premia discursos cerrados y muy entendibles, sin flecos donde se marque claramente lo protagónico/antagónico.

Los victimistas cuentan detalles íntimos muy llamativos y enarbolan un daño moral muy manifiesto.

La psicoterapia cuestionará esa manera que tuvo la persona de perfil victimista de hacerse a sí mismo para poder cambiar esa herida percibida por una actitud de apología por el otro, donde las necesidades de los demás formen parte también de los propios argumentos de la vida.

Actitudes, Ansiedad, EFEsalud, Emociones, Pesimismo

“Ahora me culpo menos”: cinco personas cuentan qué les ayudó a pasar una ruptura amorosa

De cada ruptura se puede aprender, así que hemos preguntado a varias personas por qué lecciones extraen de los adioses en su vida: dejar de considerar el fin de una relación como un fracaso o buscar una nueva afición, entre las cosas que aligeraron sus duelos “Salir con un géminis es un desastre” o por qué ni la autoayuda ni los astros solucionan nuestras relaciones fallidas

La pantalla del móvil se enciende para mostrar una notificación nueva. Lo coges rauda; llevas una hora en ascuas esperando que tu amiga terminara esa conversación tan importante que necesitaba tener con su pareja y para la que todos los pronósticos eran funestos. Lees el mensaje: lo han dejado. Suspiras porque sabes que tu amiga está sufriendo y, peor, que le espera un proceso de duelo en el que va a experimentar todas las inseguridades y miedos de su vida elevados al cuadrado. 

Las rupturas se sufren, incluso aunque haya habido un duelo durante la relación, pero hay formas de evitar que el fin de un vínculo amoroso termine con las personas exintegrantes de la pareja viviendo como si estuvieran en las primeras escenas de El diario de Bridget Jones. De cada ruptura se puede sacar un aprendizaje para que la próxima despedida sea más leve, así que hemos preguntado a varias personas por sus lecciones aprendidas tras romper una relación.

Azul (27 años) cuenta que vive las rupturas “con más tranquilidad” al haber eliminado la connotación de fracaso que acompaña a estos procesos, sabiendo que romper un vínculo amoroso no tiene por qué ser un adiós para siempre. A Brezo (28) le viene bien un primer periodo de contacto cero y después hablar con su expareja y saber cómo le va, dice que eso le ayuda a controlar su propia ansiedad e inseguridades. Ana (23) aprovecha el tiempo que se libera tras finalizar la relación para practicar alguna afición para la que antes no tenía hueco en su agenda. Y a Estrella (31), que prefiere no dar su nombre real, le ayuda ponerse de acuerdo con su expareja para gestionar los espacios comunes y aprovechar esos momentos en los que coinciden para chequear qué tal están y qué necesitan; un cuidado mutuo que aligera el duelo.

Sergio García Soriano, psicólogo especializado en relaciones de pareja, cuenta que muchas personas tienen interiorizado un guion de cómo debe ser una ruptura que puede ser “demasiado taxativo” y tener “mucha moralina”. “Tendemos a pensar en el daño y este se puede producir, pero no tiene por qué ocurrir siempre. Existen rupturas alegres donde hay espacio para el redescubrimiento de sí mismo y para agradecer lo aprendido con la otra persona”, asegura el especialista.

El fracaso

Una de las nociones comunes sobre las rupturas es cada vez que dos personas deciden separar sus caminos ha habido un fracaso, ya sea a la hora de elegir pareja o de cumplir los estándares de qué se supone que hay que ofrecer a la otra persona. “Las viejas normas nos dicen que si una relación ya no funciona es porque alguien ha debido de hacer algo mal, que tiene que haber une culpable, que tal vez hemos cometido un terrible error”, explica Dossie Easton, autora de Ética promiscua, en el prólogo de Rupturas y no monogamias. Causas, prevención y supervivencia, traducido al castellano este año por Continta me tienes.

A Azul la connotación de haber fallado en una relación le pesaba mucho a la hora de pasar el duelo tras la ruptura y desterrar esta idea le permitió llevar mejor el dolor tras la separación: “Ya no tengo esa sensación de no haber sido suficiente y me culpo menos”, cuenta. Como respondía la antropóloga Margaret Read al ser preguntada por los motivos del “fracaso” de sus tres matrimonios: esas relaciones no podían ser fallidas, alegaba la mujer, porque le aportaron buenos momentos en su vida.

“Es muy común en consulta que la gente venga con la palabra fracaso en la boca, pero no continuar con una relación que en ese momento no estaba produciendo felicidad no tiene por qué ser un fallo”, opina García Soriano. El psicólogo aboga por cambiar el paradigma y entender que “el fracaso habría sido no amar”, además de hacer el ejercicio de reconocer que en cada relación se aprende: “Somos historias de aprendizaje e historias de amores”.

Tendemos a pensar en el daño, y este se puede producir, pero no tiene por qué ocurrir siempre. Existen rupturas alegres donde hay espacio para el redescubrimiento y agradecer lo aprendido con la otra persona. Sergio García Soriano — psicólogo

Contacto cero ¿indefinido?

El contacto cero es una de las recetas más manidas para las rupturas. García Soriano lo recomienda “en ocasiones” para que “cada cual pueda reflexionar sobre lo que ha pasado”, pero no es necesario alargar el periodo de no comunicación ad infinitum. Brezo decidió romper todo contacto con su expareja al dejarlo y eso le sirvió para “rehacer” su vida, pero al poco tiempo se dio cuenta de que ese consejo, extendido indefinidamente, solo le provocaba ansiedad e inseguridades. 

“Cuando tenía 23 años rompí con un chico y me vino bien el contacto cero, pero tengo ansiedad y no saber nada de esa persona me acabó rayando”, relata la chica afirmando que se le despertaron “todos los traumas” con la ruptura. “Yo estaba en una muy mala etapa de mi vida y me volví obsesiva con si estaría saliendo con alguna persona nueva. Al mes de dejarlo di el paso de hablar con él directamente en vez de preguntar a amigos en común y me dijo que estaba viéndose con una chica con la que yo tenía muchas inseguridades. Esa información me dolió, pero que me lo explicitara y me tuviera en cuenta me ayudó a superar el duelo”, cuenta Brezo, que añade que saber que estaba saliendo con otra persona —aunque doliera— le calmó la culpa por haber dejado a su expareja.

Volverse a llevar: sí o no

Los malestares se acumulan en la relación de pareja entre Adèle y Emma hasta que una infidelidad hace estallar la situación y se rompe uno de los noviazgos más populares de la historia del cine de las últimas décadas. Un tiempo después de la ruptura, el personaje que da nombre a la película La vida de Adèle acude a una exposición de su expareja donde constata que, aunque ahora estén en buenos términos, ya no hay espacio para la una en la vida de la otra. Adèle sale de la exposición y camina hasta difuminarse en el fondo de la imagen. Se aleja así de la cámara y de Emma, poniendo el broche final a una relación que en la novela gráfica en la que se basa el filme se especifica que dura unos 13 años.

Mi ex me dijo que estaba viéndose con una chica con la que yo tenía muchas inseguridades. Esa información me dolió, pero que me lo explicitara y me tuviera en cuenta me ayudó. Brezo — 28 años

La mayoría de referentes culturales que tenemos muestran que la relación entre dos personas que dejan de ser pareja se diluye (o se trunca) y desaparece. Esta opción es la preferida por muchas personas, pero cuantas más posibilidades queden abiertas tras la ruptura, “más diseminado” puede quedar el duelo, explica el psicólogo García Soriano. Eso le pasa a Azul, que cuenta cómo dejar la monogamia le facilitó salir del ‘todo o nada’ relacional, y esa es una de las claves que le permiten afrontar las rupturas con más calma.

“Algo que me daba mucha pena en mis rupturas monógamas era saber que pierdes a la persona y que solo va a permanecer en el recuerdo, pero ya no tiene por qué ser así y eso me hace vivir el duelo de forma menos heavy”, cuenta Azul. Ahora, la escala de grises de la anarquía relacional le posibilita modificar una relación en vez de terminar en un contacto cero indefinido. Así le ha ocurrido con una ruptura que sufrió, tras seis años de relación, en abril de 2024: después de un proceso de duelo, ambas partes están retomando la relación “con la tranquilidad de no tener que cumplir una lista de expectativas [de pareja o expareja] determinadas, sino la lista que tú haces con esa persona”.

Transiciones cordiales

La relación de Senda (pseudónimo) con su expareja hacía aguas por todos lados en el momento en que cortaron en junio de 2022. Tras dos años y medio de relación, quedaba claro que Senda no estaba pudiendo cumplir las expectativas de pareja que tenía su entonces novia y la situación se hizo insostenible. La ruptura fue una “detonación controlada”, afirma Senda, porque ambas coincidían en que la relación no funcionaba “con esas conductas y esa intensidad”, pero tenían la intención de poder encontrar en un futuro la forma de volver a llevarse.

Cuatro meses después de romper empezaron a quedar para “procesar juntas” cómo había sido la relación y ponerse al día. Este contacto, que ayudó a Senda en su duelo, fue evolucionando con el tiempo y ahora, dos años después de la ruptura, ella y su expareja mantienen una relación “esporádica” en la que tienen “mucha confianza y cariño”. 

La terapeuta Kathy Labriola denomina a este tipo de rupturas “transiciones cordiales”. Esta forma de modificar la relación, que para algunas personas sonará tan ideal como irrealizable, “normalmente solo es posible si ambas partes se han comportado bastante bien antes de la ruptura y hay mucho respeto y confianza mutuos”, cuenta Labriola, autora también del ya citado Rupturas y no monogamias, a elDiario.es.

Otros intereses y relaciones

¿Quién no ha pasado alguna vez por esas rupturas que imposibilitan hablar de cualquier cosa que no sea el dolor por la pareja que ya no está? Y, ¿quién no se ha sentido sobrepasada o sobrepasado por una amistad doliente a la que parece que nada le ayuda? En estos casos y para ambas partes, García Soriano aconseja no repetir el discurso del duelo “a todas horas” con amistades y también pide a las personas del entorno que tengan cuidado en no etiquetar a alguien como “el que está en una situación de ruptura” porque esa persona es “muchas más cosas” además de su dolor.

Está bien que nos cuiden en un momento de ruptura, pero cuidar a otras personas o tener otras responsabilidades también puede hacer que sobrellevemos mejor el duelo por la pareja que ya no está. Esto le pasó a Estrella, que no se aisló socialmente después de romper con quien había sido su pareja durante tres años y medio. No es que pasara por alto el proceso que estaba atravesando, pero cuenta que sí mantenía su agenda de trabajo, activismo y amistades, y que esa combinación le ayudó a sobrellevar el sufrimiento de la ruptura. “En un momento de pérdida te puedes centrar en las otras cosas que hay en tu vida. Cuanta más vida creada, más apoyos y cosas que den sentido a tu vida tengas, mejor se llevan los duelos”, opina Estrella.

En un momento de pérdida te puedes centrar en las otras cosas que hay en tu vida. Cuanta más vida creada, más apoyos y cosas que le den sentido tengas, mejor se llevan los duelos. Estrella (pseudónimo) — 31 años

En este sentido, Azul cuenta que mantener otros vínculos significativos también le ha ayudado en rupturas. Si la persona con la que ya no te llevas era una parte de tu vida, pero no un todo, las rupturas se hacen más sencillas, explica, aunque recalca que eso no significa que dejen de doler porque “cada relación es diferente”.

Nuevas aficiones

Kathy Labriola considera que el autocuidado es la “primera y principal táctica” para abordar una ruptura. La terapeuta recomienda comer bien, dormir lo suficiente, hacer ejercicio y buscar el apoyo de amistades (y acudir a terapia en caso de que sea necesario). Muchas de las personas entrevistadas por Labriola para su libro relatan que nutrir otros aspectos de sus vidas, como pueden ser otras relaciones o aficiones para las que antes no tenían tiempo, son clave.

“Algo que me sirve mucho tanto en rupturas de pareja como de amistad es empezar un nuevo hobby cuando termino con una persona. Es una manera de decir ‘voy a transformar el tiempo que pasaba con esta persona o el dolor que tengo en una actividad que yo siempre haya querido hacer y no haya tenido tiempo para realizarla”, cuenta Ana. Pone como ejemplo una ruptura que vivió en pandemia, hace cuatro años: “Empecé a hacer tazas y ceniceros de cerámica. Era una forma de canalizar el dolor porque mientras moldeaba iba reflexionando cosas en torno a la ruptura, pero no me quedaba parada en el sillón llorando. Quería acompañar la tristeza de algo bonito que me ayudara a transitarla y que no se fuera todo pensar y reflexionar”, resume.

Cómo repartimos los espacios

En algunas rupturas se suceden situaciones espinosas en el plano social porque ninguna de las personas exintegrantes de la pareja quiere coincidir con la otra. En el peor de los casos, hay choques por qué espacios pertenecen a quién y qué amistades deberían quedar o dejar de quedar con cada cual. Sin embargo, gestionar los espacios y las situaciones de forma cordial puede venir bien durante el duelo porque sentirse cuidada por la otra persona “es necesario” a la hora de tener una “ruptura civilizada”, dice García Soriano, psicólogo especializado en relaciones de pareja.

En el caso de Estrella, tanto su expareja como ella compartían espacios de activismo que ninguno de los dos quería abandonar, aunque entendían “que una pudiera quedarse al margen durante un tiempo” y se chequeaban por si iban a coincidir en algún evento, siempre “desde el cariño”.

Empecé a hacer tazas y ceniceros de cerámica. Mientras moldeaba iba reflexionando cosas en torno a la ruptura, pero no me quedaba parada en el sillón llorando. Quería acompañar la tristeza de algo bonito que me ayudara. Ana — 23 años

Esa “intención de cuidar” ayudó mucho a Estrella tras la ruptura: “Tener una vía de comunicación y la intención de contarnos si íbamos a coincidir y preguntarnos qué necesitábamos me calmó mucho”, dice. Y cree que, si no hubiera sido así, se habría agobiado mucho o habría dejado de acudir a esos espacios comunes.

“Toda nuestra relación de pareja se había basado en una comunicación muy directa y honesta, y eso se trasladó a la situación de haberlo dejado”, resume Estrella. El trato cordial durante la ruptura y la gestión de espacios posterior ha permitido que ella y su expareja puedan compartir espacios sin problema y ahora tengan una buena relación como compañeros de militancia.

Psicología, Relaciones de pareja